El mundo disfruta unos buenos choripanes, mientras yo miro con envidia, odiando y amando al bicentenario.
Lo bueno: 17 y 18 de septiembre. Mi salud perfecta, fondas, fuegos artificiales en la playa y encuentros con la familia que hace tiempo no se daban. Bacán.
La parte mala: dolor de estómago, fiebre y el bicentenario con toda la parafernalia que trae consigo.
Intenté no prender la tele durante estos días para no ver a los mineros, ya no lo soporto. Ok, son la mascota del bicentenario, pero basta. No quiero verlos más posando para la cámara, me choca, me da pena su ingenuidad y me da rabia que los traten como animales de zoológico.
Detesto ver a la gente hablando con tanta propiedad de ellos, como si los conocieran de toda la vida. Tal vez tenemos tan pocas cosas de las que estar orgullosos como país que necesitamos buscar mártires que nos den motivos para celebrar.
En fin.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada